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Mas Él, por siempre hermoso, por siempre joven de talle y faz, nacido de madres dos por rito de prodigio; y cuya lengua terca obraría la maldición y ruina de los Navegantes— moraba en una casa entre la gente de la Ciudad, de forma y ropaje humanos; que fingía ser un sacerdote cristiano, y aquí había levantado un suntuoso altar donde rezaba y alababa.