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Allí, en lo hondo de la gran cordillera que divide la tierra y corta el continente asiático, cuyas cumbres son conocidas con nombres diversos en cada país por donde traza su rumbo, brotan las fuentes que, al deslizarse mezcladas en caudalosos arroyos que mueren agotados por el viaje en el océano Índico, convierten con sus brazos el país en un Quersoneso: