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Por un dulce valle que dibuja los montículos, fluyen las aguas relucientes hacia su cita, y hacen una mesa de tan bella corriente; jamás la Fantasía pudo trazar semejante paisaje:
Los sobrevuelan graciosos bosques por doquier como quien inclina su figura y su rostro galante, y en el espejo de cristal se complace en contemplar su propia y fiel semejanza.