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“A uno atiende, cuya fama tanto se extiende, que con ninguna fama de la antigüedad se contenta, el cual, cuando su patria de un hilo depende, presta hombros robustos al peso inclinado;
¿No ves cómo, encendido en ira, reprehende las frías y lentas sospechas de la multitud acobardada; y hace que los infelices aclaren la suave rienda de un Rey nativo, no de un Sozerano extranjero?”