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¡No más, mi Musa! No más, pues ya mi Lira desafinada yace, y ronca es mi voz de Canto; no es que de cantar me canse, sino que me cansa cantar para una turba sorda y de córneo corazón.
Los favores que la fantasía del Poeta más encienden, nuestra Tierra no los da, ¡ah, no!; está demasiado tiempo sumergida en la codicia del lucro, anegada en la más ruda necedad de una melancolía vil, austera y vulgar.