70
“¡Sigamos raudas a estas Diosas, y veamos si son Fantasmas o divinas en verdad!” Así habla él; y, más raudos que el ciervo de pies ligeros, todos corren cruzando el prado ribereño.
Entre las ramas aparecen las Ninfas en fuga, acaso con más prisa que velocidad; y, aminorando el paso entre gritos y alegres risas, cada una rinde sus encantos cual presa de galgo.