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Guirnaldas mandó que lucieran de variados colores, sobre las más rubias trenzas del más puro brillo:
¿Quién no habría dicho que las rojas florecillas crecían sobre oro natural, que el Amor había querido entrelazar?
Domar y halagar con la encantadora vista a la dañina tripulación de los Vientos, se propone con su galaxia de Ninfas, un séquito tan hermoso como Planetas bailando en las llanuras del aire.