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“Con todo, el gran Magriço, según cuentan, deseando ver las maravillas del mundo, fuera permaneció y realizó allí para la condesa de Flandes notable y leal servicio; y no siendo un caballero de salón, sino pronto a osar cuantas hazañas, ¡oh Marte!, ordenas que el hombre haga, mató a un franco en el campo; y así tuvo él el destino de Torcuato y de Corvino.