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Así los moros, almas traidoras, desprecian nuestras fuerzas cristianas, ni pueden comprender cómo la excelsa fortaleza del Cielo confía en el auxilio acostumbrado, al que ni el horroroso Infierno puede resistir:
En esto y en su destreza confía Castilla, cae sobre el rey de Marruecos, combate mano a mano: el portugués, que juzga todo peligro leve, hace que el reino de Granada tema su poder.