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“Mas la alta Deidad, que al hombre ofensor, los castigos debidos tan largamente dilata, esperando a veces que enmiende su error, o por profundo misterio oculto a la torpe mirada humana;
si a nuestro valiente Rey hasta ahora defiende de peligros que, veloces como enemigos, se alzan; ya no le presta ayuda cuando a venganza claman las maldiciones de la Madre que en prisión yace;