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Así cantaba la Sirena, mientras el coro de sus hermanas llenaba el salón con sus sonoros aplausos; para saludar con ellos la hora del alegre deseo que coronaba la feliz fiesta nupcial.
«Gire como gire el aro de la rueda de la Fortuna», cantaron todas con acento armonioso, «¡pueblo renombrado! reposad vuestras almas seguros del Honor, el Valor y la Fama, mientras el mundo dure».