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«“Oh, huraño perturbador del espíritu y la vida del hombre, fuente de recaídas y adulterio, derrochador sagaz y consumado ladrón de súbditos, reinos, tesoros, imperios: te aclaman noble y te aclaman caudillo, aunque digno seas de toda indignidad; te llaman Fama y Soberana Gloria, palabras, palabras, ¡para ganar el corazón del tonto rebaño!”.