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Allí marchan potentes huestes y pisan con orgullo aquella región oriental que baña el Hidaspes; un capitán de frente tersa va a la cabeza, y con su tirso frondoso guía a sus valientes.
Por él fue fundada la ciudad de Nisa junto a la orilla de las olas murmurosas; tan apuesto era el Dios que al hijo de Sémele, al contemplarlo, habría dicho: «¡Es él!».