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Envía luego a uno de ingenio cortesano, que con el Rey pueda pactar tratado de paz; y ruega perdón por no haber podido abandonar sus naves al instante y dejar la flota a flote.
Su fiel intérprete en tierra desembarcó, y, al hallarse ante el rostro del Monarca, habló así con un estilo que solo Palas enseñó, cuando la alabanza y la súplica obraron firme persuasión:—