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“Ni el recio Mario pudo un cuarto mostrar de las vidas aquí por la Parca vencidas, cuando al río, de ensangrentado brillo al rojo dar, mandó a sus bravos sedientos a calmar sus heridas; ni el cartaginés, cruel azote sin par del poder romano y en su odio nacidas, al matar tantos caballeros de Roma y en su afán, tres fanegas de anillos de oro mandó al clan.