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Cuando las bellas ninfas, cada cual llevando a su amante, mano con mano unidas, conformes y contentas, en tropel marchaban donde el radiante Placer alzaba su cabeza, todo él alegre de oro y metales lucientes; cuando mandó la Reina que allí se tendieran mesas con variados manjares escogidos y excelentes para restaurar, con vigor amado y amante, las fuerzas que el Amor robaba a la naturaleza fatigada.