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“ ‘Y si, ¡oh, damas dolientes!, os parece bien, enviaré a mis Heraldos hablando en vuestro nombre, mientras vuestras cartas, corteses y discretas, declaran vuestra afrenta y lamentan vuestra vergüenza. Asimismo por vuestra parte, con dulces y bellas frases, y suaves caricias, que cada dama ofendida temple sus lágrimas, y me atrevo a decir que veréis un fuerte auxilio y un firme apoyo’ ”.