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Cuando cerca de aquel lecho espléndido tomó asiento el huésped, y otros más lejos, rápida y aguda mirada lanzó el samo‘rim a gentes cuyo atuendo y ademán no se parecían a nada que él jamás hubiera visto:
Entonces, hablando con gravedad desde su majestuoso pecho, añadiendo autoridad a su noble porte, y ganando la credulidad del Rey y de la multitud, nuestro Jefe pronunció en voz alta su real mensaje:—