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“Así sobre Políxena, hermosa doncella, último consuelo de la edad y el cuidado de su madre, cuando fue condenada a morir por la fiera sombra de Aquiles, el cruel Pirro se apresuró a desenvainar la espada:
Mas ella (mansa cordera acechada por la muerte), con las calmas miradas que serenan el aire, clava en su madre, enloquecida de dolor, los ojos y aguarda en silencio aquel imponente sacrificio.