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“¡A ti la Suprema Sabiduría otorgó galardón, Barón!, que con ojos de carne has contemplado lo que el futuro tiene el poder de salvar del mezquino orgullo de los mortales y su vana ciencia. ¡Sígueme con firmeza, tan prudente como valiente, hacia aquella espesura peñascosa con toda tu comitiva!”.
Así habló ella, y de inmediato a través de un bosque largo guio arduo, sombrío, fiero de pisar.