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Ya el coro amable de las Nereidas se alistó; y codo a codo la gentil tropa avanzaba con danzas ágiles, usanza conocida de antiguo, derecho a aquella Isla a la que Venus guiaba: Y allí la Diosa comenzó a desplegar ante todos sus mil hazañas de amorosa osadía: Ellas, dispuestas a ser víctimas del dulce Amor, probarían cada ardid y se atreverían a todo cuanto ella se atrevía.