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Cual alma absorta el verdugo aguarda ante la soga, apurando en vida el amargo trago de la muerte, y en el patíbulo pone su garganta, falto ya de esperanza, esperando con aliento contenido el golpe fulminante:
Así, ante la ardiente cólera del Príncipe, se mantuvo firme Egás para cumplir su palabra empeñada: cuando el rey, maravillándose de tan admirable lealtad, siente que la ira se deshace y se funde en compasión real.