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¡Oh Hazaña, extraña, sobremanera extraña, que no diste señal!
¡Oh milagroso don mostrado tan claro, tan patente!
¡Oh funesta traición frustrada de improviso!
¡Oh paganos hostiles, estirpe falsa y pérfida!
¿Quién de tan desesperado y diabólico designio por sabiduría mortal podría escapar al mal, a menos que, entronizada en el Cielo, la Guarda Soberana conceda fuerte auxilio a la débil humanidad?