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En días de hambre y de hondo padecer, dolencia, cerrojos, flechas, trueno, fulgor de rayo, cuando las duras estaciones y los tristes sitios oprimen a sus soldados, prestando servicios sin tasa; parece acto salvaje de salvaje exceso, de corazón inhumano, de pecho insolente, hacer que la última pena de las Leyes expíe los pecados que nuestra fragilidad y nuestro amor condonan.