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Otros buscan otros parajes donde la corriente revela los encantos secretos de las bañistas: quienes, asustadas, empiezan a huir con gritos y alaridos, como si fueran sorprendidas por el asalto violento de las armas.
Mientras que otras, fingiendo estimar en menos el miedo y la vergüenza que la fuerza, ocultan sus falsas alarmas, se precipitan en el matorral y brindan a los ojos avidos, negados a las manos codiciosas, el hermoso botín.