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“Jamás con tal arte marcial y furiosa llama se vio a Léucade arder en guerras civiles, cuando a su combate de Accio llegó Augusto y abatió al infame capitán romano; a quien, para domar el reino y la carrera de la ágil Aurora, el famosísimo Nilo y el escita enemigo de Bactra, despojados, a pesar de los despojos victoriosos y raros, aquella bella egipcia no tan casta como bella;