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“Una vez más en su mansión alzada se hallaba aquel victorioso Enrique que la sagrada Jerusalén libertara, cuyos ojos del Jordán la santa onda bebieran que el cuerpo caro del Señor lavara; cuando Godofredo sin rival dejara aquel que Judea conquistó y salvada, muchos que en sus guerras su deber cumplieron hacia sus propios feudos de nuevo partieron.