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“Cuando el soberbio cetro de la alteza de don Juan, de don Pedro esclarecido, regía con amor y con blandura la pacífica patria y la hermosura; cuando ya del vecino mal guardado librado estaba el reino y defendido; allá en la gran Bretaña, do las nieves del Boreal rigor vierten sus breves lluvias blancas, la Furia aborrecida el hondo germen de la injusta guerra sembrar pensaba, y ver en esta tierra de Lusitania la hueste enardecida.