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Y así fue: pues cuando hizo gala de su esplendor la hermosa comitiva, desfalleció al instante la fuerza con que pugnaba cada venteoso Guerrero, y todos se rindieron dichosos a obedecer; parecía que sus poderosos pies y manos estaban atados por guedejas de cabello que empañaban el fulgor del rayo; mientras tanto, a su Bóreas, a aquel a cuyo pecho gobernaba, a la bellísima Oritía, le habló de este modo:—