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“Mas ya el Príncipe Afonso aparejaba su alegre escuadrón de lusitanos, a arrostrar al soberbio moro osaba, que poseía el suelo por sus manos, do el claro Tajo, dulce, derramaba las aguas por sus fértiles verjanos: Ya en el campo de Ourique se tendía el Real campamento, noche y día,
mostrándose al agarense fiero, a pesar de ser muchos y él tan huero.