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Con grata acogida nuestro Comandante recibe al caudillo moro y a toda su comitiva; a quien saluda con un obsequio de los más ricos arreos, de los cuales se había embarcado una provisión para tal fin:
Le da ricas conservas, le da raros manjares, los licores calientes que llenan de alegría el corazón del hombre.
Buenos considera el moro los regalos y se siente satisfecho, pero valora más los dulces, y más que nada las bebidas.