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Era la alegre estación en que el Dios del Día al raptor de Europa iba a tornar; cuando su rayo cordial calentaba ambos extremos y Flora esparcía el cuerno de Amaltea: El presuroso Sol, que ciñe el camino celestial, trajo a la memoria aquella mañana bendita, cuando Aquel que todo lo rige por Divina Voluntad, estipuló Su sello y señal sobre la Creación: