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Agitando las ropas y las manos, al pueblo lusitano hacen señas de esperar un momento; mas nuestra ligera proa ya había inclinado su rumbo para atracar donde lo abrigaba la isla más cercana: Soldados y marineros unidos en una sola faena como si aquí estuviera el término de su fatiga: Recogen las velas y arrian el alto mástil, y el Océano, herido por el ancla, espumea alto en el aire.