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“Con esto Palmella cedió a la guerra, y la piscosa Cezimbra, sus despojos escamosos; luego, impulsado por su estrella afortunada, el Rey rechaza a una poderosa fuerza de enemigos:
Lo sintió la Ciudad, lo vio su Señor de lejos, quien para sustentarla y ayudarla no escatima fatigas, marchando a lo largo de la falda del monte, totalmente ajeno a un encuentro precipitado, de prudencia y cuidado carente.