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“Ni menos fuerza y fraude mostraron, siempre que otras guerras encendía el decreto del Destino, o cuando los hijos guerreros de España salían a combatir, o allí, cuando otros descendían por los Pirineos: Y así, en fin, al empuje de la lanza extranjera jamás se doblegaron, sin que jamás se supiera que reconocieran señorío ajeno, juro que nadie puede decirnos que ante Aníbales como estos llegara jamás Marcelo.