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¡Oh Rey sublime! a quien el limpio Olimpo de su alta justicia dio el don y la merced de domar y conquistar pueblos ásperos y duros, de ganar su amor y no menos hacer suyo su temor; como asilo seguro, refugio de gran seguridad, conocido por toda nación oriental, venimos a buscarte, para hallar en ti la medicina más segura de la mente del Errante.