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“Y ya podrido y dañado era nuestro alimento, dañando gravemente la consumida estructura del hombre, sin un solo consuelo, sin un solo destello de bien, ni siquiera el cuento lisonjero de la esperanza ni la vana fantasía: ¿Crees que el marinero de más templado ánimo, o cualquier soldado que no fuera el lusitano, acaso, habría conservado tanta lealtad tanto para su Rey como para el Jefe al que servía?