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“Lloraron Ganges e Indo, ¡verdadero Tomé!, tu suerte, te lloraron cuantas tierras pisó tu pie; y más aún te lloran las almas en estado bienaventurado que guiaste a vestir las ropas de la Santa Cruz. Mas los Ángeles que aguardan en la puerta del Paraíso te salen al encuentro con rostros sonrientes, himnando a Dios. Te rogamos, ruega que tu Señor aún se digne dispensar a sus lusitanos su buen auxilio”.