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“Inclinado a perdonarla el Rey benigno, movido a blanda compasión por este triste lamento; pero el vulgo grosero y el duro designio del Hado (que así lo quisieron) negaron el perdón suplicado: Desenvainan sus espadas de templado acero fino, ellos que pregonan como justa tal obra de sangre: ¡Contra una dama, cobardes, felonjes villanos!, ¿cómo os mostrasteis aquí, fieras brutas o nobles caballeros?