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“¡Y tú, oh Padre de la más firme constancia!, del propósito resuelto de tu mente no te vuelvas atrás; debilidad sería en ti ahora desistir de la cosa ideada.
Envía a tu ágil heraldo, Mercurio, más veloz que saeta adornada o viento aventador, y muestra algún feliz puerto donde el Descanso alegre a todos los pechos cansados con la noticia de que la India está cerca”.