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Mas cuando Aurora, con taracea, esparció las gloriosas honras de su cabeza sobre el claro Cielo, y abrió la roja senda al brillante Hiperión que surgía de su lecho; le complace a la Flota ataviarse con vistosa gala de banderas, y desplegar hermosos y alegres toldos, para que todos saluden con fiesta y aclamen a aquel señor de la isla que llegó a vela tendida.