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Bostezan los tintes del granado encarnaditos, por lo cual, ¡oh Rubí!, afeado queda todo tu brillo; abrazada por su esposo el Olmo, la feliz Vid da a luz su fruto de bayas, aquí rojo, allá verde.
Y vosotras, ¡oh Peras!, si vuestras ramas planean por mucho tiempo decorar la escena con jugosas pirámides, aprestaos a sufrir el daño y perjuicio que a vuestros blandos flancos pueda infligir el pico injurioso del Pájaro.