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Cuando en visión se vio y oyó decir al hijo de Maya:
«¡Huye, lusitano! Huye de las asechanzas de ese inicuo Monarca, que solo pretende atraerte hacia donde hallarás seguro aniquilación: ¡Huye, pues sopla el viento propicio y sonríe sereno el Éter, mientras duermen sin tormentas mares y cielo; en otra parte otro Rey más benigno ofrece refugio cierto para ti y para los tuyos!