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¡Celestial Guardia! divina, angélica de Cielos y Tierra y Mar único Soberano; Tú, que guiaste a Tu pueblo de Israel por las aguas del Eritreo hendidas en dos: Tú, que quisiste defender a tu siervo Pablo de las arenosas Sirtes y del monstruoso piélago, Tú que te dignaste salvar al segundo Padre y a sus hijos para llenar las regiones vaciadas por la Ola: