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—«¡Oh ninfa, la más bella que engendró el Océano, si bien mi presencia jamás fue buscada por ti, cómo pudo mi pobre delirio causarte dolor? ¿Por qué no ser montaña, nube, roca, visión, nada? Furioso vagué por ahí casi loco por el dolor anhelante cargado de vil deshonra, para buscar otro mundo, donde nadie pudiera ver mis lágrimas furtivas, y burlarse de ellas y de mí.