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Así lo hacen los Reyes que, de lisonjas ebrios, sienten el encanto del boato que colma sus deseos; los dones del brazo de Áyax los reparten como debidos a la lengua del vano y fraudulento Ulises: Mas —¡oh Venganza!— estos bienes de escaso provecho, despilfarrados en quienes simulan las sombras del Bien, si los bravos y gentiles Caballeros no reciben sus mercedes, tales mercedes solo hartan a sus ávidos sicofantes.