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“El monstruo temible más males revelaría, manifestando nuestro destino, cuando exclamé en voz alta:—
‘¿Quién eres tú, cuya inmensa y estupenda mole, pardiez, es poderoso milagro ante mis ojos?’
Torció y revolvió sus labios y sus turbios orbes, y con un repentino y espantoso grito de lamento, en tonos lentos y amargos respondió como si la pregunta hubiese sondado y herido su orgullo: