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La simiente de Agar, riendo, por decirlo así, al ver el poder cristiano tan débil, tan mezquino; comienza a repartirse las tierras como propias, antes de ser conquistadas, entre los sarracenos vencedores; tal título fraguado y falso estilo ostentan, reclamando el famoso nombre de sarraceno: Así, con falso cómputo, despojarían y saquearían, llamando suya aquella noble tierra extraña.