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«¿Ves al conde don Pedro, osado en tanto que resiste a África unida en dos asedios; y ves al otro conde que el espanto del fiero Marte ostenta en sus fuegos y dominios?
No le basta cercar Alcácer contra el llanto de tanto infiel; vuela su espíritu a altos sitios: la amada vida de su Rey defiende, y cual muro de piedra al fin expende».