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Allí dio rienda suelta entonces el soberbio Hipotádes a los furiosos Vientos antaño encerrados en su prisión; mientras sus palabras obstinadas daban nuevo furor contra los valientes y audaces Barones lusitanos.
De pronto la bóveda estival se vio salpicada de nubes, pues los Vientos, que aún se hacían más fieros con furia indescriptible, reunían a su paso nuevas fuerzas y poder, sembrando la llanura de casas, torres y colinas.